Contabilización del Renting

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Los llamados contratos de “renting” no están regulados en nuestra normativa, aunque, se acostumbran a configurar como contratos de alquiler de  bienes muebles, por un tiempo y valor fijo, contratando el inquilino aparte del empleo del bien, una serie de servicios complementarios (mantenimiento, seguro, sustitución en el caso de avería…), y en los que no existe opción de compra, aunque en ocasiones los recursos objeto de estos contratos son adquiridos por el inquilino al final de los convocados contratos por un costo aproximado al valor residual del bien.

Con respecto a la contabilización de estas operaciones de alquiler (y dejando al lado otros aspectos que pudiesen ir relacionados con ellas, como los servicios complementarios), la primera cosa que hay que puntar es que el tratamiento contable de dichas operaciones va a depender de la auténtica naturaleza económica que subyace en las mismas, de manera que las cuentas anuales deben reflejar la imagen leal del patrimonio, la situación financiera y los resultados de la compañía.

Al respecto, la regla de valoración 5ª, apartado f) contenida en la 51º parte del Plan General de Contabilidad aprobado por R. D. 1643/1990, de 20 de diciembre, establece la contabilización como activos inmateriales de los derechos derivados de los contratos de alquiler financiero, como el registro de las deudas causadas por aquellos, cuando “por las condiciones económicas del alquiler financiero no existan dudas razonables de que se marcha a ejercitar la opción de compra”.

Al respecto, la Resolución de este Instituto de 21 de enero de 1992, por la que se dictan reglas de valoración del inmovilizado inmaterial, en su regla octava, explícitamente recoge 2 casos en los que, entre otros muchos, se comprende que no existen dudas razonables de que se va a ejercitar la opción de compra.

Con lo que se refiere a los contratos de alquiler no financiero, si bien de entrada su tratamiento contable habrá de ser el de registrar el gasto (inquilino) y también ingreso (arrendador) por alquiler que les corresponde en cada ejercicio conforme con su naturaleza y atendiendo al comienzo del devengo recogido en la primera una parte del Plan General de Contabilidad, la consecución de la imagen leal demanda efectuar un análisis de las circunstancias económicas que se pueden dar en las diferentes situaciones pactadas por las partes, de manera que si se verifica que la operación en su sustrato económico es digerible a la previamente apuntada para el alquiler financiero cuando no existen dudas razonables de que se va a ejercitar la opción de compra, el tratamiento contable que corresponderá entregarle va a ser exactamente el mismo.

Conforme con lo precedente, hay que señalar que pese a que no exista opción de compra en los contratos de alquiler a que hace referencia el consultante, podrían generarse situaciones que desde cierto punto de vista económico son afines, como pueden ser, entre otras muchas, las siguientes:

  • Contratos de alquiler en los que el periodo de alquiler coincide con la vida útil del bien o bien cuando siendo menor aquel existe patentiza clara de que por último los dos periodos van a coincidir, no siendo significativo su valor residual al concluir su periodo de utilización, y toda vez que de las condiciones pactadas se desprenda la racionalidad económica del mantenimiento de tal alquiler (particularmente, se puede predicar esta racionalidad en aquellos casos en los que el valor presente de las cantidades a abonar al principio del alquiler supongan casi la totalidad del valor del activo arrendado).
  • Cuando las singulares peculiaridades de los recursos objeto del alquiler hacen que su utilidad quede limitada al inquilino. En estas situaciones, y conforme con la meta de imagen leal, el inquilino va a deber registrar la operación conforme con lo preparado en la regla de valoración previamente citada, en tanto su calificación económica es coincidente; por su lado, el arrendador va a deber registrar, en su caso, el pertinente crédito en su activo y la enajenación del bien objeto del contrato.
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